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sábado, 8 de febrero de 2014

El automegusteo en las redes sociales. Una aproximación.

1. Función original del “me gusta” 

Tanto el “me gusta” como el menos conocido “+1” han sido incorporados por las distintas redes sociales como mecanismos que permiten expresar conformidad respecto de las publicaciones compartidas por sus usuarios. En principio, su funcionalidad es clara: cuando un usuario le da “me gusta” a una publicación, está indicando su acuerdo con lo expresado. En el caso de publicaciones gráficas o audiovisuales, el sentido es más simple aun: al marcar el pulgar para arriba se está manifestando el gusto por las mismas.

 2. Una práctica nefasta

A nadie que use regularmente una o varias redes sociales y esté dotado de un poder de observación promedio se le puede escapar el hecho de que este tipo de plataformas fomenta ciertas tendencias narcisistas, egocéntricas y en algunos casos desafortunados, directamente ególatras en sus usuarios. Así las cosas, este culto a sí mismo ha degenerado en una práctica deleznable que, a los fines de esta investigación, hemos decidido denominar “automegusteo”(1).
No conformes con publicar enlaces –lo que ya de por sí indica una afinidad con el tema, y si no es así, siempre existe la posibilidad de aclararlo en una nota adjunta o epígrafe– ciertos usuarios recurren a esta práctica como medio de enfatizar que efectivamente gustan del contenido por ellos mismos publicado. Otros, más osados, eligen redoblar la apuesta, como diríamos coloquialmente, y al actualizar sus respectivos estados sienten la necesidad de manifestar de inmediato su conformidad con lo que acaban de expresar. Existe además un tercer grupo de personas que, no satisfechas con llevar a cabo las prácticas anteriormente descriptas, también aplican el automegusteo en fotos de sí mismas.

3. Una posible explicación desde el psicoanálisis 

Este extraño fenómeno ha captado la atención de la comunidad científica, y varias especialidades han intentado formular hipótesis acerca de su origen y difusión. Al respecto, llama especialmente la atención un paper publicado por la Universidad de California(2) que, entre otras cosas, afirma:

[...] el sujeto es víctima de una pulsión que genera una necesidad de autovalidación constante, y esto se exterioriza en el comportamiento aquí analizado […]

En otro fragmento –que no citaremos por cuestiones de espacio–, se hace referencia a la posible relación entre el automegusteo y el autoerotismo, aunque sin profundizar demasiado en el tema, dado que la analogía se vuelve, por momentos, engorrosa.
Lo que sí se advierte es que esta conducta podría ser consecuencia de la denominada pulsión escópica (del griego skóp, “mirar”). De manera sintética se puede decir que la mirada es una condición fundamental para la formación del sujeto, pero no es equivalente a la función fisiológica del ver. La mirada está relacionada con el deseo del otro, y si ésta no existe, el individuo no figura en el registro simbólico como sujeto de deseo. La sobreexposición que suele existir en la era de la Informática podría derivar entonces en una exacerbación de esta necesidad de ser visto y reconocido por el otro, pero a la vez, requiere primero una afirmación interna que debe externalizarse para ser conocida por los demás.
Por supuesto que se trata solamente de una teoría, pero, incluso desde nuestro campo, tenemos que reconocer que tiene sentido. Ya dijo Nietzsche que “El hombre se mira en el espejo de las cosas y reconoce como bello todo lo que le devuelve su imagen”.

4. Recepción 

En general, la respuesta a estas prácticas es negativa. No sólo porque “dejan en evidencia ciertos rasgos de amigos y familiares que a veces es preferible no conocer”, sino también porque es una de las principales causas registradas de vergüenza ajena, rankeando cuarta en el top ten, debajo de gente que usa riñonera, amigos bajo los efectos del alcohol y/o estupefacientes y los padres y su relación con la tecnología (ver artículo Sobre la vergüenza propia y ajena. Similitudes, diferencias y puntos de contacto).
Con el objeto de realizar una aproximación lo más exacta posible, se llevó a cabo un trabajo de campo en virtud del cual fueron encuestadas 8362 personas de entre 16 y 65 años de ambos sexos y registradas en alguna red social que ofreciera la opción del automegusta (condición excluyente para computar las respuestas). Aquí transcribimos los resultados:
- El 1 % expresó su indiferencia ante esta conducta.
- El 4 % manifestó su desacuerdo aunque aseguró no prestarle demasiada atención.
- El 7 % reconoció haber automegusteado sus propias publicaciones de manera ocasional en el pasado.
- El 12 % declaró ejercer esta práctica por considerar que los hace más populares y atractivos.
- El restante 76 % coincidió en que el automegusta es tan atractivo como ver a alguien autosatisfaciéndose en la vía pública.


5. Perspectivas a futuro y conclusión


Como consecuencia de esta sobreexposición fomentada por las redes sociales y que ya comentamos más arriba, concluimos que este es un fenómeno que será difícil erradicar del todo. La costumbre de hacer públicos la mayoría de los acontecimientos de nuestras vidas genera un deseo inconsciente de que los demás se vean representados por ellos, se sientan identificados por ellos, y por ende, por nosotros mismos. En definitiva, se busca generar un tópico común que proporcione una sensación de cercanía con otros. Pero es un hecho conocido que la autoestima y el amor propio no dependen exclusivamente de los demás, sino que tienen su origen y raíz en nosotros mismos, por lo que, antes que la validación de los demás, necesitamos tanto o más de la propia, que debe ser tan pública como el resto de nuestros asuntos. Así se genera un círculo vicioso y, dado la evolución lógica de las cosas, se suman cada vez más adeptos.
Cabe preguntarse entonces si hemos llegado tarde para proponer una resignificación de lo público y lo privado en términos cibernéticos, y si es posible dar marcha atrás con este tipo de conductas que, si bien no lastiman –físicamente– a nadie, sí dejan expuestas a algunas personas que no terminan de comprender lo que un simple “me gusta” en una publicación propia puede simbolizar.
Si las respuestas a los interrogantes planteados son positivas o negativas, el tiempo y la Todopoderosa Internet lo dirán.

(1) Término pendiente de aprobación por la RAE.
(2) Self-like, self-love and the loss of self-respect, Dr. Arthur Ham, Ph. D.

sábado, 13 de octubre de 2012

Cómo reconocer a un Twitter n00b

Como todos -o la mayoría- sabemos, Twitter es una red social/servicio de microblogging que se ha ido haciendo cada vez más popular en los últimos años. A pesar de que existe hace ya unos seis años, fue en 2012 que superó los 500 millones de usuarios activos, y cada vez son más las personas que deciden probarlo. Digamos que yo me sumé relativamente tarde a la fiesta, dado que creé mi cuenta en mayo de 2010, aunque es un servicio que uso todos los días, sin excepción. 
Por sus particularidades, podría decirse que Twitter tiene su propio "idioma"; por supuesto que no en el sentido literal de la palabra, sino que hay ciertas cosas que se dan por sentadas. Existen personajes que todos conocen, independientemente de si los bancan o no, o si los siguen o no. Existen formas de escribir los tuits (así recomienda escribirlo la RAE), formas de usar los hashtags y abundan tanto el sarcasmo como la ironía. 
Siendo la mayoría de la gente usuaria de Facebook, una vez que deciden "probar" o "ver qué onda esto de los tuits", cuando entran por primera vez para estrenar la cuenta, la primera reacción que podemos leer es la de "esto es una mierda" o "no entiendo nada". La mejor analogía que se me ocurre para explicar el sentido de Twitter, es que los 140 caracteres son básicamente el equivalente al estado de Facebook, pero con la diferencia de que no está mal visto cambiarlo cada 10 segundos (esto por la parte del microblogging, que todavía algunos no entienden). 
Una vez que te das cuenta de que usar este servicio no es tan difícil como parecía en un principio -le agarrás la mano, bah- y te acostumbrás a la forma particular de hablar y de transmitir contenidos, es fácil reconocer a los n00bs. Tengo que aclarar que por "n00b" no me refiero solamente a las personas que recién empiezan a usarlo, sino que también incluyo a aquellos que aunque hace mucho que tengan su cuenta, la usan mal o todavía no entienden ciertos conceptos. 
Acá les dejo, entonces, las formas de reconocerlos y qué hacer en caso de ser uno de ellos:

1) Primeros tuits: "No entiendo nada", "Esto es una mierda", "Aguante Facebook". Cuando tuiteamos no le estamos hablando a nadie y a la vez le estamos hablando a todos. Tuitear que no entendés nada es básicamente decir que sos un pelotudo. Si no entendés, no tuitees hasta que entiendas.

2) Mal uso/Abuso del hashtag: "Comiendo #empanadas. Están #muycalientes. Me encantan #lasdepollo." A ver. El hashtag es lo que podría llamarse una etiqueta. Cuando hacemos click en la palabra precedida por #, nos muestra los resultados en tiempo real de la gente que está hablando sobre eso en ese momento. Hacer un hashtag sobre "empanadas" te hace quedar como un imbécil. También se pueden usar de manera irónica, pero esto ya requiere de un poco más de experiencia para no meter la pata. El uso del hashtag tiene que ser inteligente y no debe ser indiscriminado, a menos que te guste quedar como un boludo.

3) "Te sigo, ¿me seguís?": No. Simplemente, no. La idea de Twitter es que podés seguir a quien se te canta la regalada gana, porque es inteligente, porque es gracioso, porque estás caliente con él/ella, pero nunca, nunca porque sí. Esto es lo que más me gusta, personalmente. Si una persona me parece interesante, la sigo, no me importa si me sigue o no. La idea es que quiero leer lo que escribe. Si me quiere leer, bien; si no, también. Pedirle a alguien que te siga es la versión cibernética de mendigar. Cuando seguís a alguien, esa persona se entera. Pedirle que te siga es como reenviar una solicitud de amistad en Facebook cuando esa persona no te aceptó la primera vez o te eliminó. No da.

4) Literalidad: muchos de los tuiteros se dedican al humor o a la ironía de manera habitual. El n00b no sabe reconocer esta realidad, a veces aun cuando es claro el sentido, y por eso aparecen las que algunos han denominado "mogomentions". Lamentablemente, el n00b es propenso a mogomencionar todo el tiempo. Que tal o cual palabra está mal escrita, que con eso no se jode, que sos un desubicado, un desalmado, etc. El n00b no asume que Twitter no es la vida real, y por eso toma todo de manera literal y es incapaz de interpretar el sentido de los mejores tuits. Y esto se da, mayormente, por el siguiente punto.

5) Desconocimiento de ciertos personajes: el caso paradigmático y más tragicómico es el de Lubertino, por ejemplo, que -además de ser totalmente impresentable como legisladora y persona en general- siempre está amenazando con demandar a  la @DraPignata, "abogada derecha y humana", que es, a mi entender, uno de los mejores usuarios de la red social. Otra que la liga seguido es @lachicasabrina, una cuenta que parodia cierto estilo de vida y cierta "cultura", podríamos decir. Muchas de sus expresiones han sido adoptadas y difundidas por los demás tuiteros. Cómo hay gente que todavía no entiende, es berdaderamente un MIT-E-RI-O.

6) Tuits idiotas en general: todos pusimos alguna vez cosas como "No puedo dormir" o "Qué frío que tengo". Está bien, no pasa nada. Ahora, si absolutamente todos tus tuits son así, Twitter no es para vos. Pensá en la gente que te sigue. Pensá en los que vos seguís. ¿Qué tipo de tuits te gusta leer? Bueno, la gente que te sigue -si hay gente que te sigue- quiere leer lo mismo. A nadie le interesa saber qué comiste en el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena. No estás escribiendo un diario ni una crónica. Escribí lo que los demás quieren leer, a menos que disfrutes tener de seguidores a cuatro huevos. Tampoco es recomendable autoreírte (ej.: "Qué buen día, jajaja").

7) Abuso del RT: el RT se usa para compartir un tuit que te pareció interesante. Pero tené en cuenta que si tus seguidores no siguen al usuario que lo escribió, es por algo. No sirve de nada inundar los TLs ajenos con cosas que la gente no quiere leer.

8) Mala ortografía/gramática: a menos que seas @lachicasabrina, nadie quiere leer boludeces mal escritas. Agarrar un diccionario de vez en cuando no hace mal. La contaminación visual en Twitter es posible.

9) Ausencia de tuits/Modo chat: cuando uno menciona a otro usuario, los que pueden ver esa mención son los que los siguen a los dos. Por eso no tiene sentido usar la cuenta exclusivamente para comunicarse con otros. La función social de Twitter no es chatear, porque lo más probable es que tus seguidores ni se enteren de que estás tuiteando. La idea es interactuar pero con todos, no solamente con algunos. Tirate un tuit general de vez en cuando para que los demás sepan que estás vivo. 

Dejé a un par afuera porque no se me ocurren los criterios para clasificarlos, pero están los que se hacen la cuenta pura y exclusivamente para participar de sorteos, o para propagar "ideología" política -creo que todos sabemos de quiénes estoy hablando- o destinos similares. Estas personas están siempre out of the loop y es muy probable que puedan identificarse con todos o varios de los puntos anteriores.

Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Me olvidé de alguno? 
Espero sus comentarios. Hasta la próxima.







domingo, 7 de octubre de 2012

Colas

Nunca fui una persona muy paciente. Aquellos que me conocen pueden dar cuenta de ello, aunque podría decirse que con los años he ido mejorando un poco y  renegando menos por ciertas cosas que son inevitables. Sin embargo, algo que todavía no logro superar son las colas. Y no hablo de cierta parte de la anatomía, sino de las filas de gente que se acumulan cada vez que hay que pagar un impuesto, pasar por la caja del supermercado, etc.
Vayas adonde vayas, siempre, siempre vas a tener que hacer cola para algo. Esto puede resultar un poco obvio o incluso redundante para una persona nacida y criada en una ciudad relativamente grande, pero tienen que entender que para nosotros, pueblerinos por naturaleza, es, hablando un poco en criollo, un dolor de huevos.
La cantidad de tiempo que se pierde estando ahí parado es incalculable. Piensen simplemente en un negocio normal, un día normal en un horario normal. Dos o tres personas adelante suyo van a encontrar seguro. ¿Que de dónde salen? Y, bueno, eso quisiera saber yo, pero a pesar de que los recursos y los espacios son cada vez más escasos, la gente insiste con esto de seguir reproduciéndose. Bueno, ahí tienen. Cada vez somos más y todos necesitamos comprar cosas, pagar impuestos, sacar un turno en la guardia, ir a comprar las tarjetas de la graduación y demás. Lo que está clarísimo es que mientras esperamos parados como unos boludos, la vida se nos pasa y no nos hacemos más jóvenes, por lo que sería interesante implementar ciertas técnicas de aprovechamiento del tiempo -ese que, encima, siempre parece faltarnos- para que las colas no sean un adelanto del infierno en la tierra, sino que por lo menos no sean una pérdida total de una fracción considerable de nuestro día.
De hecho, fue debido a esta -molesta- circunstancia que hace un tiempo decidí empezar a llevar siempre en la mochila o en la cartera un libro para aprovechar el tiempo y de paso no morirme del embole. Además, así se te pasa más rápido (después está el tema de que justo en la mejor parte te llaman, pero todo no se puede). Así que después de muchos años, volví a ser "la loca de los libros", con la diferencia de que antes me encerraba en mi casa y no salía por quedarme a leer, y ahora cada vez que salgo, leo. Por lo que si alguna vez andan por Rosario y ven a alguien haciendo cola o esperando a ser atendida en algún lado con la nariz enterrada en un libro, no jodan, que capaz que soy yo. Es cierto que la otra vez se me abrió el paquete de 9 de Oro y tanto El Aleph como las Meditaciones se me llenaron un poco de migas, pero esa es una historia para otro día.
Y ustedes ¿qué hacen cuando tienen que esperar en una cola? ¿Qué implementarían para que se les haga menos pesada la espera?

Comenten y hasta la próxima.

PD: I'm back. No sé cuánto me va a durar, pero espero poder actualizar más seguido.


martes, 7 de agosto de 2012

sábado, 16 de julio de 2011

Charla Zaffaroni - UNR 15/10/2010

Hoy paso a dejar una charla desgrabada que dio el Dr. Zaffaroni (Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación) en la facu -si no me falla la memoria- el 15 de octubre del año pasado. Me pareció interesante ponerla al alcance de todos, dado que se trata de un tema de actualidad que no siempre se desarrolla de la mejor manera. Espero que les interese y ayude a generar un pensamiento crítico sobre la realidad que nos toca vivir. Abajo les dejo el link por si la quieren descargar y el archivo de audio también. Perdón por las tosidas. El audio incluye las preguntas y respuestas posteriores a la charla, que no desgrabé porque ya estaba medio podrida. Sepan comprender.

Link descarga .doc + .wav

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Queridas amigas, amigos, muy buenas tardes, vamos a conversar un rato sobre un tema de interés común. Yo les agradezco muchísimo la invitación y les agradezco la enorme concurrencia y atención, lamento que vaya a desilusionarlos en este rato. Siempre me llama la atención cuando me vuelven a invitar a un lugar después de escucharme, pero bueno.

El tema que nos ocupa es algo que llamo criminología mediática, es decir, creo que hay una criminología académica, que es toda la cuestión teórica, cómo la desarrollamos, etc., que tiene su historia, no muy limpia, pero historia. Después tenemos una criminología mediática que no tiene nada que ver con la académica, es decir, en la criminología académica decimos unas cuantas cosas, pero lo que rige la vida cotidiana es la criminología mediática. Es muy raro esto, porque da la impresión como si tuviésemos por un lado medicina científica y por otro lado curanderismo, pero que lo cotidiano lo dirigiese el curanderismo. Y por último tenemos algo que es la voz de los cadáveres. Hay cadáveres que hablan y dicen que están muertos y hay cadáveres que ni siquiera dicen que están muertos. Hay víctimas que aparecen como víctimas y víctimas que no aparecen como víctimas, y en criminología la única verdad es la realidad y la única realidad son los cadáveres, desafortunadamente. Lo digo brutalmente, suena feo, pero es la verdad. Nos hemos olvidado, incluso la criminología académica se ha olvidado mucho tiempo de los cadáveres. Demasiado tiempo. La criminología estudió todos los delitos, todos, menos uno. El más grave de todos los delitos: no estudió el genocidio. Se borraron los muertos del genocidio. En las estadísticas de homicidio en los países en que hubo genocidio, no aparecen los muertos. Es como que los eliminaron. Y ahora creo que hubo una etapa de una criminología legitimante de los genocidios sobre todo de los genocidios neocolonialistas del siglo XIX, toda la criminología del reduccionismo biológico, etc., que termina donde tenía que terminar, en los campos de concentración. A partir de ahí dijeron dejemos este reduccionismo biológico, dejemos este racismo, hacen la declaración universal de derechos humanos, todo ser humano es persona (valiente descubrimiento, hubo que llegar al año ’48 para decir eso pedazo de bestias). A partir de ahí se siguió diciendo estudiamos las causas del delito, pero del genocidio no. De repente dijeron estamos estudiando las causas del delito, pero el delito si no viene alguien que lo califica como tal no lo es, y además parece que no todos los que cometen delitos son criminalizados, por lo que tenemos que estudiar el aparato punitivo. Empezamos a estudiar el aparato punitivo. Hasta entonces nadie lo había estudiado. Empezamos a estudiar el aparato punitivo y de repente nos dijeron ustedes se están quedando, están analizando el comportamiento de los perros de abajo, lo decían los ingleses, los under dogs, de repente llegan a un perro medio, pero a los perros de arriba, a los top dogs, no llegan. Entonces nos fuimos a las teorías macro y empezamos a estudiar a los top dogs. Y cuando empezamos a estudiar a los top dogs entraron todos los neomarxismos, y de repente llegaron a la conclusión, algunos, de que la única solución que había era la revolución y cambiar todo, y tirar todo por la ventana, la ventana también, entonces todo se iba a resolver de golpe. Llegados a ese estado, nos quedamos en que era imposible, estábamos en una situación de impotencia, entonces esa criminología de la reacción social, etc., llega a un ocaso, se cierra, pero claro, el problema era que tampoco esa criminología de la reacción social se había ocupado del genocidio. Tuvimos una etapa legitimante y tuvimos una etapa negacionista, curiosamente. Y desde hace unos pocos años estamos diciendo guarda que estamos dejando afuera el más importante, el más grave de todos los crímenes, y grave en serio, porque como no se lo estudió no tenemos cifras muy exactas, pero el siglo pasado, siglo XX fue siglo de genocidios. Y hay estimaciones, algunas conservadoras, modestas, que hablan de unos 85 millones de muertos. Otras un poco más aventuradas, llegan a 130. Pongamos que unas se quedan cortas, otras largas, 100 millones, más o menos. 100 millones de muertos por los estados fuera de hipótesis bélica. Las guerras mataron 35 millones en el siglo pasado, pero estos son 100 millones de muertos, 3 veces más que las guerras, fuera de hipótesis bélica, donde más o menos hay dos fuerzas simétricas que se dan. Incluso dejo fuera de esa hipótesis los daños colaterales que les dicen ahora, por graves que sean, dejemos Hiroshima y Nagasaki, esas cosas. Estos fueron muertos, directamente, por los estados en situación de indefensión. Es decir, en el siglo pasado, de cada 50 tipos que caminaban por la corteza terrestre, 1 se lo echaban los estados. Y la criminología, bien gracias, no se ocupó de eso. Hoy cuando nos ocupamos de eso nos damos cuenta de varias cosas: no es que agreguemos un delito más a los que la criminología estaba estudiando, nos cambia todo. Cambia todo porque cuando nos preguntamos quién mató a esos tipos, quién fue el agente ejecutor, ahí empezamos a temblar, porque en todos los casos los agentes ejecutores fueron agencias del poder punitivo. En la guerra hubo ejércitos, sí, pero cuando hubo ejércitos, que no siempre los hubo, no fue en función bélica sino en función policial. Y por lo general sí fueron agencias, la GESTAPO era una policía, la KGB era una policía, el genocidio armenio se hizo soltando criminales turcos para que fueran matando a los armenios en el camino, los desplazamientos stalinistas se hicieron usando al ejército en función policial, para hacer los desplazamientos. Más recientemente, los crímenes de África que se cometieron en Ruanda, se cometieron ante la indiferencia, la omisión total de las fuerzas policiales. Es decir, primero nos damos cuenta del material de dinamita que estamos manejando, y en segundo término nos preguntamos cómo se pudieron llevar a cabo estos hechos. Hubo ideólogos, sí. ¿Qué ideologías se manejaron? ¿Cómo pudo suceder esto? Por supuesto hay teorías patologizantes, dicen todos estos son psicóticos, son psicópatas. Eso no es cierto. No podemos patologizar esto, porque si vamos un poco más atrás, ya no en el siglo pasado, poco en el siglo pasado y nos vamos al siglo XIX, los genocidios neocolonialistas de África son innegables. Los alemanes en Sudáfrica antes de la primera guerra mundial aniquilaron a todo el pueblo de los ereros. Los aniquilaron, directamente. Leopoldo II en el Congo, a fines del siglo XIX comienzos del siglo XX, se echó aproximadamente 8 millones de negros, con el objetivo de conseguir caucho, solamente. Es decir, la práctica del genocidio colonialista en un momento se trasladó a la propia Europa, y dio lugar al Holocausto, claro. Había un entrenamiento neocolonialista, la cosa viene de lejos. Podríamos seguir para atrás, pero quedémonos en lo reciente, en lo que está más próximo a nosotros. Por cierto esto no puede ser patologizado. Cada genocidio va precedido por un discurso genocida, por un discurso que instala un mundo paranoide. Claro, el discurso cuando el genocidio se practica no en el territorio, sino afuera, basta con que caracterice a las víctimas como subhumanas y punto, no necesita otra cosa. No son enemigos, son subhumanos que son enemigos de la humanidad, por serlo, nada más. Cuando el genocidio se practica en el mismo territorio es indispensable fabricar un grupo como chivo expiatorio, previamente. Para lo cual se necesita que el grupo que se identifica como chivo expiatorio tenga algunas características, sea capaz de canalizar venganza y todo el discurso indicativo se pueda llevar contra ese chivo expiatorio responsable de todos los males. Es decir, cuando en una sociedad se va generando una violencia difusa, se va generando un malestar que nadie sabe exactamente a qué se debe, pero hay un malestar y una violencia difusa, éstos generan angustia. La angustia no tiene un objeto. Es un estado de angustia (quizá el objeto de la angustia es el temor a la muerte, pero no hay un objeto concreto). Cuando identificamos el objeto concreto, el chivo expiatorio, la angustia se convierte en miedo, baja el nivel de angustia. Y el miedo es el que determina la canalización de la venganza y comienza el aniquilamiento del chivo expiatorio. Este mecanismo es usual del sistema penal, nos guste o no nos guste, funciona de esa manera. La actual criminología mediática hace uso una vez más de este mecanismo. Cuando hay un chivo expiatorio mejor, más poderoso, al que se le pueden atribuir más males, mejor. Satanás en la época de la Inquisición era un chivo expiatorio bárbaro. Naturalmente el chivo expiatorio no era el pobre Satanás, sino las mujeres, como socias de Satanás, pero a ellas se les podía atribuir todo: el granizo, la pérdida de las cosechas, la nieve, la muerte de los animales, la peste, la impotencia de los maridos, el aborto en las mujeres, todo. Satanás era un tipo bárbaro. Cuando no hay un candidato a quien se le puedan atribuir más cosas, porque en la medida en que se le pueden atribuir más cosas, yo, que mando, me las saco de encima: Satanás tiene la culpa de todo, yo no tengo la culpa de nada, fenómeno. Va habiendo candidatos a chivos expiatorios residuales, y cuando no queda otro, el chivo expiatorio residual es el grupo del cual emergen delincuentes comunes, algunos delincuentes comunes. A todos los chivos expiatorios se le imputan delitos: los judíos cocinaban bebés recién nacidos para comérselos, qué sé yo, cualquier cosa. A veces los delitos existen, que no haya la menor duda. Se imputaba a los judíos bolchevismo. Es cierto que una minoría judía de la Unión Soviética que estaba siempre sometida había sido jerarquizada por alguna jerarquía bolchevique, después Stalin los mató. Había un grupo de armenios que querían la independencia y de repente armaban algún lío con los turcos, sí, es cierto. En Ruanda, sí, es cierto que las víctimas del genocidio ruandés antes se habían echado a 100 mil de los del otro lado, en el país vecino, de la misma etnia. Lo que nos pasó a nosotros, es cierto que había una violencia política, pero sería muy ingenuo pensar que si no hubiese existido nada de eso, los genocidios no se habrían cometido. Evidentemente, esos eran los pretextos, sin lugar a dudas. Es decir, para reprimir determinadas cosas, hacían matar a todo el grupo. Sin embargo, esto es característico, por eso es que la criminología mediática instala un mundo paranoide (cuidado que no lo instala pidiendo vindicación sobre el homicida, sobre el homicida serial, sobre el violador serial – no, tiene muy poca importancia si en lugar de 20 años le ponemos 30, le ponemos todos los días; siempre le pusimos, nunca lo acariciamos –si se lo individualizó, claro). El chivo expiatorio es el grupo y a falta de otro candidato, hoy el chivo expiatorio es el pibe adolescente o joven habitante de nuestros barrios precarios. La técnica es clara, aquí muestro un pibe que mató a una viejita que salía de un banco, acá muestro un pibe tomando cerveza en la esquina, no sé en el momento que éste va a matar otra viejita. Ése es el asunto, cuidado que el chivo expiatorio no es el delincuente; no, se maneja el sentimiento de venganza o indignación que puede producir un hecho brutal pero para recaer sobre el grupo, ésa es la técnica, y es una técnica complicada. Por supuesto, nosotros los argentinos nos creemos siempre los dueños de la última Coca-Cola del desierto y nos creemos que inventamos todo. No, no inventamos nada, podemos haberle agregado algún dato folklórico, pero esto es movimiento mundial. Y no nos engañemos que responde a un objetivo muy claro de definición de modelo de estado. Tiene su origen en EEUU y se planetariza, está muy claro. Y hoy mismo lo estamos viendo dentro de la política de EEUU, el negro Obama por un lado y Party por el otro. No nos equivoquemos. Esto nace hace algo más de 30 años pero se instala con las administraciones republicanas a partir de 1980, con la administración de Mr. Reagan. A partir de esa administración, del primer cowboy, esto va tomando cada vez más cuerpo (no crean uds. que me está dando un ataque de antinorteamericanismo, a mí el acné adolescente por desgracia me pasó hace mucho tiempo, todo esto que les estoy contando tampoco me lo contó Fidel Castro, me lo cuentan mis colegas de EEUU, los colegas criminólogos, si quieren les doy los libros y por cierto en ese sentido es admirable porque lo pueden decir en las universidades, nadie los persigue, hasta les dan fondos de investigación, los contratan, etc. y les pagan mucho más que lo que nos pagan a nosotros por enseñar en la universidad). Pero efectivamente hay varias interpretaciones de esto, pero la que sigo es la que más me seduce, creo que es la más equilibrada, es la de Jonathan Simon, que es un profesor de California, donde describe todo esto como una governance, como una técnica de gobierno a través de la manipulación de miedos, del manejo de miedos – creación y manejo de miedos, es decir, instalación de mundo paranoide. Parte de una base: tenemos que cambiar el modelo de estado, el modelo Roosevelt, el modelo del Estado de Bienestar, el modelo del Welfare State, el modelo de Estado Providente que en EEUU se instala con Roosevelt, en los años ’30, ese modelo, por un modelo de estado gendarme, el estado chico que deja hacer, que deja operar a las fuerzas económicas, monopólicas, por supuesto, el modelo Bush. ¿Cómo lo hacemos? Hay que cambiar la imagen del ciudadano medio. El ciudadano medio del Welfare State es el ciudadano trabajador, tenemos que cambiar al ciudadano medio trabajador por el ciudadano medio víctima. Todos devienen víctimas. La víctima que pide venganza es el modelo medio de ese estado limitado a proveer servicio de seguridad policial y nada más, y servicio represivo. En los EEUU esto se ha hecho, yo creo que se les fue la mano, en este momento los mismos que lo montaron no lo pueden parar. EEUU gasta en su sistema penal la módica suma de 200 mil millones de dólares por año. Supera el total de nuestra deuda externa, y es eso lo que se gasta por año en mantener un sistema penal que está llegando al 800 x 100 mil el nº de prisionizados, tipos que están presos; es decir, pasó los 2 millones de presos, tiene otros 3 millones de personas controladas por parole o por probation, más o menos lo que es nuestra condena condicional y la probation nuestra y la libertad condicional, o sea más de 5 millones de personas controladas por el sistema penal, lo cual demanda el trabajo de otros 3 millones de personas. Es decir, tenemos 2 y pico fuera del mercado laboral, otros 3 que están con el mercado laboral medio condicionalmente y otros 3 que trabajan directamente con la demanda del trabajo. La hipertrofia del aparato punitivo del estado sirve como variable de la tasa de empleo y de desempleo. En una economía que se terceriza, como que la economía de producción tiende a pasar a economía de servicios, esto es aptísimamente funcional, pero creo que se les fue la mano y que hoy no lo pueden parar. Es decir, esa inversión en momento de recesión es demasiado grave. Hasta este momento era el festival en que no le importaba cuál era el déficit presupuestario anual y tenía un déficit que era astronómico y todo funcionaba bien, pero en este momento no sé, creo que empiezan a tener dificultades y creo que esta es una consecuencia que no previeron los mismos que montaron el sistema. ¿Cómo se monta el sistema ya dentro de la historia de EEUU? Si ustedes observan los presidentes norteamericanos desde 1980 hasta la llegada de Obama, que rompe la cadena, todos fueron ex gobernadores de estados, salvo el viejo Bush que venía de la CIA que tampoco es muy recomendable. Esto rompía una tradición, antes los presidentes salían del Senado, como salió ahora Obama, el cual rompió la cadena. Pero por los años 70 la política del Senado empieza a tener un desprestigio notorio porque pierden la guerra de Vietnam, fracasan en la recuperación de los rehenes de Teherán, etc., y entonces entran, el cowboy primero, y entran los gobernadores de los estados. En los estados norteamericanos, el Procurador General y el Ministerio Público se eligen por voto directo, por voto popular, por lo cual el Ministerio Público y sobre todo el Procurador General si le da el … inmediatamente trata de lanzarse a la política haciendo la mayor demagogia posible, esta demagogia a través del número de penas de muerte que obtiene. Y hay campañas electorales donde, y en el colmo de la amoralidad total, el candidato está rodeado (sobre todo en las elecciones de gobernadores) de la foto de todos aquellos a los que no les conmutó la pena de muerte, es decir yo maté a todos estos, ahora les prometo que en mi segundo mandato voy a matar más. Hubo una caída ética de la política hasta semejante grado de deterioro mediático, por supuesto. ¿Entonces del lado de quién se ponen? De la víctima, tengo que agarrar a la víctima, hacer que la víctima llore, mostrar determinada víctima, por supuesto, no todas, no las víctimas de violencia policial, no los negros que agarran a patadas, a aquella víctima que puede generar un sentimiento de empatía, por supuesto y de identificación. Esto de la utilización de la víctima, de crear asociaciones de víctimas que reclaman vindicación, represión, etc, es algo que tiene un contenido de crueldad que es verdaderamente increíble, es una de las inmoralidades más grandes. Se selecciona una víctima y a esa víctima se le da un escenario enorme, que es todo el escenario mediático: se le brinda el escenario mediático. La víctima, sobre todo si hay una pérdida, como todo aquél que sufre una pérdida es alguien que tiene un serio problema psíquico, un serio problema de daño que es necesario atender, es necesario brindarle apoyo para que pueda superar esa coyuntura, esa lesión. No sólo la víctima de delito, sino todo el que sufre una pérdida súbita en un primer momento tiene una sensación de extrañamiento, de no creer lo que ha pasado; en un segundo momento, cuando ya admite lo que ha pasado, de una manera totalmente inconsciente y de una manera absolutamente irracional, pero nos pasa a todos, empezamos a pensar en potencial si yo hubiera hecho, si yo hubiera dicho, si no le hubiera dicho, si hubiera venido, si no me hubiera ido… Es absolutamente irracional, completamente irracional, pero empezamos a jugar con la causalidad, inevitablemente. Eso nos va cargando de culpa, y llega un momento en que la carga de culpa es grande, tan grande que no la resistimos y tratamos de extroyectarla en un objeto o persona, lo primero que se nos pone a tiro, luego, se nos ayuda, etc, vamos saliendo hasta que la pérdida se va convirtiendo en nostalgia con la que tendremos que cargar durante toda la vida, pero ya terminamos de elaborar el duelo. Si en el momento de la extroyección, en el momento en que lo ponemos afuera se nos fija, lo que se hace es interrumpirnos el proceso de elaboración del duelo. Fijarnos en un momento en que abruptamente se nos corta el proceso que de llegar a término nos devuelve la salud mental. Cuando se elige la víctima, y esto en criminología lo llamamos la víctima héroe, se elige la víctima héroe, se le da todo el escenario (naturalmente la víctima héroe, insisto, tiene que tener algunas características que permitan la identificación, también algunas características histriónicas, por regla general, yo diría que a veces predominan algunos signos histéricos), se le da todo ese espacio, pero cuidado, se corta el proceso de elaboración del duelo, pero eso no interrumpe la acumulación de culpa, sigue produciéndose la acumulación de culpa y eso hace que cada vez los reclamos de la víctima de corte vindicativo sean mayores. No se le puede contestar a la víctima porque responderle a la víctima es desconocer su dolor, entonces el que le responde a la víctima está manifestando crueldad; hay que dejar que la víctima diga todo lo que quiera, entonces se le pregunta ¿usted cree en la pena de muerte?, etc. todas las barbaridades que se les pueda ocurrir, la víctima va diciendo, va diciendo, hasta que la carga de culpa que se le va acumulando por la interrupción del proceso de elaboración del duelo la lleva a incurrir en exabruptos. Entonces ya la víctima se hace inmostrable, ya no sirve, la tiran. Sin importarle el daño psíquico que le haya producido la interrupción del proceso de elaboración del duelo. Realmente es un procedimiento de una extremadísima crueldad. Pero este procedimiento es el que nos viene de EEUU, un avance de los fiscales sobre los jueces. ¿Quiénes son los enemigos de la seguridad? Los jueces. ¿Por qué? Porque no revientan a todos los que hay que reventar, no le dan a la policía todo el poder que hay que darle, no autorizan la tortura, aplican el código de procedimientos. Y los jueces se asustan. Y los políticos se asustan. Se asustan porque no saben cómo parar… Se les viene encima la presión mediática. Unos se asustan, otros se montan oportunísticamente sobre la presión mediática, claro. Es comprensible. Yo siempre digo que Poncio Pilato no era una mala persona, era un burócrata, era un política, pobre, se le armó, dijo bueno, denle, qué sé yo… acá pasa lo mismo, bueno, denle, qué sé yo… Si el político enfrenta a la criminología mediática, no sólo recibe el garrotazo del opositor, sino que recibe el garrotazo de su propio partido, lo van a bajar de la lista, van a decir que es un piantavotos. Lo grande es que si nos pregunta a nosotros (y aquí cargo la parte de culpa que nos incumbe) le vamos a decir mirá, si seguís así, le vas dando cada vez más poder a la policía, vas autonomizando cada vez más las agencias policiales, te van a dar un golpe de estado. Lo de Ecuador era previsible, una policía única, perfectamente previsible. Los golpes de Estado últimamente los da la policía, no son los mismo golpes de Estado tradicionales, del tirano Banderas, el señor Presidente… no, no es un comisario que se sienta, no… hoy cualquier policía puede desestabilizar cualquier gobierno cuando se le da la gana, y sobre todo cuando se reducen sus ámbitos de recaudación autónoma. Hablemos claro, no estoy dramatizando ¡¡corrupción!!, no, si lo que hemos hecho fue darles ámbito de recaudación autónoma… bueno, ahora esta es la realidad, lo tenemos, tenemos una fuerza autonomizada con un ámbito de recaudación autónoma. No lo dramaticemos, empecemos a estudiar cómo los pasamos en limpio. Ya la macana está hecha, no nos pongamos a rasgarnos las vestiduras ni a negar que existe; no, existe, está hecho, hay que reconocerlo y a partir de ahí hay que ver cómo vamos revirtiendo, cómo dignificamos, cómo controlamos y cómo vamos mejorando las condiciones laborales dentro de una organización totalmente jerárquica y autoritaria en que les negamos los más elementales derechos laborales, fundamentalmente el derecho de sindicalización, con el pretexto de que no pueden tener derecho de huelga. Claro que no pueden tener derecho de huelga, los guardias de un hospital tampoco, pero una cosa es el derecho de huelga, otra cosa es el derecho a sindicalizarse y a discutir horizontalmente las condiciones de trabajo y a generar una conciencia profesional a través de esa discusión horizontal. Cuando se les dice todo esto, se les dice mirá que por este camino vas al desastre. Y bueno, pero entonces ¿qué hago? ¿Enfrento la criminología mediática? Y, vas a perder la elección que viene. Entonces lo menos que puede hacer es mirarnos sino con desprecio, con lástima; si por un lado me voy al diablo y por el otro también, ¿qué hago? Efectivamente, sí, ¿qué se hace? Lo que se hace es sencillo: creo que hay que empezar a diagnosticar la violencia y a diagnosticarla técnicamente. Si cada vez en una sociedad hay que motivar conducta o desmotivar conducta lo hacemos a través de métodos científicos y técnicos, -y para eso existe la mercadotecnia- a nadie se le va a ocurrir determinar a otro a comprar algo si no tiene la forma técnica de determinarlo, ni a nadie se le va a ocurrir fabricar un producto que no va a poder vender, ni a nadie se la va a ocurrir inventar cómo va a desmotivar para que compren el producto del competidor, se usan técnicas, de economía, de sociología, técnicas, se motiva y se desmotiva conductas a través de técnicas, sí. Para lo cual se hacen estudios de campo, pero cuando tratamos de desmotivar conductas violentas y de motivar conductas menos violentas no se hace ningún estudio de campo ni se usa ninguna técnica. De la tv pasamos a la mesa de café y de la mesa de café a la ley, lo cual es absolutamente suicida: nadie puede prevenir lo que no conoce. No hay ningún ámbito de la política del estado en que no haya un responsable: política educacional, política caminera, política sanitaria, lo que sea. Si yo salgo en este momento y digo hay un brote de cólera sale una autoridad sanitaria que me dice no, no hay ningún brote de cólera, o que me dice sí, llegó un tipo en un avión con cólera, no pasó nada, es sólo uno que tenemos. Si salgo y digo matan a todos no hay nadie que salga y diga no, miren que no pasa nada o miren que sí, hubo un homicidio, pero ¿qué quieren? 44 millones de habitantes algo tiene que pasar alguna vez. O que me diga sí, hay un brote del demonio, está pasando algo raro, vamos a ver qué sucede. Si me preguntan ¿es una sensación? ¡Qué sé yo! Si no lo sabe nadie, yo tampoco. Es elemental, es tan elemental que no tengo forma de explicarlo: ¿cómo voy a prevenir lo que no conozco? Imagínense que no tuviésemos un diagnóstico de cuáles son las patologías más frecuentes y más graves en el país, entonces que a cada responsable sanitario se le ocurriera hacer cualquier cosa, entonces tendríamos hospitales llenos de quirófanos donde tenemos que atender el Chagas-Maza, ¿por qué? Porque el que hizo el hospital es un cirujano y le gustan los quirófanos, qué sé yo… Es de locos, eso más o menos es lo que estamos haciendo en el ámbito de prevención de comportamiento violento. No contamos los muertos, no contamos los cadáveres. Me dan números, pero no se trata de números, se trata de tener perfil de victimización, riesgo de victimización, circunstancia de hora, lugar, modo, etc. Se trata de tener el perfil del infractor, no es todo el … . Si hay todo un grupo, bueno, pero, ¿hay algunos del grupo que actúan de esa manera? Cuáles son los factores concretos de riesgo, de riesgo específico, para ir a combatir los riesgos específicos. ¡No sabemos nada! Si no empezamos por ahí no vamos a poder hacer nada. Entonces yo le diría la político, bueno, sí, seguí arreglándote con la criminología mediática como puedas pero empezá a juntar esto que son las armas para combatir la criminología mediática. Sí, soy conciente que si te enfrentás de golpe con la criminología mediática te vas a hacer pelota, pero empezá a armar el arsenal. Cuando tengas el arsenal andá cambiando de la misma manera que… qué sé yo, había iluminación a gas hasta que se cambió a la iluminación eléctrica, y bueno, mientras se instalaba la iluminación eléctrica siguió habiendo la de gas hasta que logramos hacerla desaparecer. Había transporte de tracción a sangre hasta que se cambió por el motorizado, lo fuimos reduciendo hasta que nos quedamos con el motorizado, qué sé yo… Bueno, esto es lo mismo, empecemos a armar el arsenal defensivo. Sí, ya sé que esto no se hace en 24 hs. No hay una bomba neutrónica que neutralice la criminología mediática, pero empecemos a hacerlo, y por otra parte, al hacerlo vamos a ir ahorrando cadáveres, que es lo importante. No se trata de que no vamos a tener resultados más o menos cercanos. Sí, vamos a ir teniendo resultados. Por otro lado, todos me dirán, esta tesis mía de que la criminología mediática rige lo cotidiano y la académica no cuenta, cómo se explica en un mundo como mundo contemporáneo que es un mundo donde la ciencia, la técnica tienen un prestigio del demonio. Les decía al comienzo, sí, es algo así como una medicina científica pero la conducta de todos los días a través del curanderismo. ¿Cómo se explica esto? Y, se explica por razones destintas en el norte y acá. En el norte hay algunos tipos que escriben unos libros de aeropuerto que ni siquiera se traducen (por suerte, porque además no los creeríamos nosotros – a cada rato sale el gen de la criminalidad –, un tipo dice que ve el pensamiento, locuras; hay que tener cuidado, que esas locuras pasan a la psiquiatría últimamente, los laboratorios venden cosas para eso). Pero entre nosotros no, entre nosotros lo curioso es que la criminología mediática la alimentan expertos. Es muy raro. Y son expertos en serio, algunos; hay muy poquitos que son expertos en la estafa solamente, pero se les nota demasiado. La mayoría no, la mayoría son expertos en serio, gente que sabe de lo que habla. Porque realmente uno puede ser un buen fiscal, puede ser un buen policía, puede ser un buen juez, puede ser un buen médico forense y no necesita saber quién fue Robert Merton ni en su vida abrir un libro de sociología o de psicología, no, y sin embargo puede saber hacer muy bien una autopsia. Entonces si uds. observan un poco cómo funciona en tv la cosa, se van a dar cuenta de que a veces sientan a una mesa redonda a un grupo de personas que saben de lo que hablan técnicamente, pero en un momento dado les empiezan a preguntar ¿ud. cree que la droga tiene incidencia en la suba de homicidios? ¿Ud. cree que la disolución de la familia, los vínculos familiares…? Y el tipo cree que eso pertenece al ámbito de lo obvio, del dominio del común, es decir, se nos va metiendo a través de la tv que todos podemos saber de eso porque es del dominio obvio, del dominio común y entonces se cree obligado a contestar, no tiene la conciencia de decir no, mire, yo sé hacer una autopsia, lo que ud. me está preguntando se lo tiene que preguntar a un investigador. No, en realidad la construcción social de la realidad se nos va haciendo a medida que vamos considerando cosas obvias, que se dan por entendidas, y efectivamente, a algunas cosas las tenemos que dar por entendidas porque sino no podemos manejar… no es que se construya la realidad material, no el material del mundo, me paro delante de un ómnibus, cuando viene el ómnibus me mata, pero si me paro a un costado y estiro la mano, el ómnibus para, me subo, meto la moneda, por supuesto que puedo subir al ómnibus y hablarle en ruso al conductor, o pedirle cigarrillos, también puedo pedir un café con leche con medialuna y con la medialuna rascarme la oreja, pero me van a llevar a un manicomio. Esas son cosas obvias, están incorporadas, el problema es que se van incorporando demasiadas cosas que se dan por obvias, que se van incorporando demasiadas cosas que se dan por sobreentendidas y eso es lo que le pasa al experto, sigue hablando de lo que no sabe, porque lo considera perteneciente al dominio de lo obvio. Y de esa manera es cómo esta criminología mediática obtiene prestigio. Cuidado, la criminología mediática no sólo se forma a través de la comunicación de noticias, ni necesariamente tiene que mentir. No, una noticia puede o ignorarse o darse sin ninguna connotación emocional o bien también puede darse con una connotación emocional grande, se puede destacar más. La criminología mediática se forma hoy fundamentalmente a través de la tv. Yo no comparto toda la visión apocalíptica de que el homo sapiens se va a convertir en homo videns, pero algo hay de cierto. La tv muestra cosas, sirve para mostrar cosas, y por ende genera pensamiento concreto, estimula el pensamiento concreto y desestimula el pensamiento abstracto, es decir, el pensamiento simbólico; nos va haciendo cada vez un poco más oligofrénicos. La capacidad de pensamiento abstracto es lo que marca más o menos el índice de inteligencia. Cuando un psiquiatra habla, en la primera impresión con un paciente y le parece que tiene algunos cables menos, repregunta por un concepto abstracto a ver si puede seguir el discurso en el mismo nivel. Yo le pregunto ¿qué es Dios para vos? Y si el tipo me contesta el que hace milagros, o los santos, bueno, me parece que está un poquito bajito. Y sí, efectivamente, la tv, como muestra objetos estimula el pensamiento concreto, desestimula el pensamiento abstracto. Además, el mensaje televisivo debe ser breve, porque es muy caro, tiene que impactar sobre lo emocional, fundamentalmente, no hace pensar, normalmente el televidente es un tipo que llega cansado, hace zapping, no tiene muchas ganas de pensar tampoco (no sé si cuando se lo propone puede). Pero cuidado que no es sólo la transmisión de noticias el problema, en la transmisión de entretenimientos, en la comunicación de entretenimientos esto se nos mete. Si uno hace zapping desde la mañana hasta la noche en la tv va a ver más homicidios ficcionales que todos lo que haya en el año en el país en realidad. Y si analizan un poco la estructura de todas las series policiales norteamericanas que se pasan en todos los canales porque son baratas, se doblan a todos los idiomas del mundo, se venden a todo el mundo la misma serie (uno llega a cualquier lado, un país extraño, ve la misma serie en un idioma insólito). La dinámica es más o menos parecida. El héroe de la serie televisa tiene características de psicópata, siempre. Es un tipo que no tiene miedo, tiene una alta resistencia al dolor –es decir, hiposensibilidad al dolor-, es hiperactivo –al tipo le rompen la cara, lo patean, patea al otro y se para y sigue, sigue saltando, goza de una resistencia loca, finalmente mata al desgraciado que hay que matar, al perro podrido que hay que matar (yo nunca maté a nadie, pero no descarto que en mi vida por ahí tengo que matar a alguien en legítima defensa, pero creo que no me voy a sentir muy bien, de cualquier manera…), no éste, se terminó, chau, se agarra la mina del brazo se va, se va con la mulatota, hiperactividad sexual también… y en el medio de la serie aparece un idiota, aparte de que es medio idiota la mujer de la serie también, porque en el momento que se escapan, se cae (sí, la mujer siempre es muy boba), además siempre hay otro idiota que en general es un fiscal, algún policía, detrás del cual se oculta la figura del juez que es el que le dice no, pará, así no, pero éste como lo pasa, no le hace caso y tiene éxito y finalmente logra destruir al maldito. Es decir, esto uno lo toma jocosamente, pero cuidado que la caja idiotizante es la baby sitter desde muy chico, lo sientan al nene frente a la caja idiotizante, lo tienen ahí, total antes le daban opio, hace 100 años, ahora no, está la caja idiotizante, lo dejan ahí, que no molesta –y ya no la clase más humilde, la clase media lo hace- y al nene se le va metiendo adentro del equipo psicológico eso desde chiquitito y cuando llega a grande ya tiene el equipo psicológico armado con eso adentro y desarmar eso no es fácil. Es una forma muy insidiosa de meter la idea de que la única solución a todo conflicto es una solución violenta y es una solución de carácter punitivo. Ése es el panorama que tenemos hoy en el mundo, insisto, esto es resultado de una governance, de una técnica de una manipulación de miedos. El establecimiento del miedo paranoico neutraliza la función filogenético del miedo. El miedo es un sentimiento normal ante un objeto temible. Cuando estamos hablando de un miedo paranoide –no digo paranoico, parecido al paranoico- resulta que tenemos un objeto no temible o tenemos un objeto cuya temibilidad se exagera. En la medida en que esto pasa, resulta que dejamos de ver otros objetos temibles, y por eso el miedo paranoide hace perder la función filogenético del miedo normal. Nos fijamos en eso, le tenemos temor a eso, y no nos fijamos en esto. Cuando hablábamos hoy de sociedad de riesgo, sí, vemos todos los riesgos, pero no vemos otros riesgos, ése es el asunto. El mundo paranoide nos lleva a ver ciertos riesgos y nos oculta otros. Y el riesgo que nos oculta, fundamentalmente es el de una hipertrofia del sistema penal que no la vamos a hacer como el modelo norteamericano porque no tenemos 200 mil millones de dólares, la hipertrofia del sistema penal en nuestros países lleva a una masacre por goteo, a una especie de genocidio por goteo. Lleva a aumentar el número de presos, lleva a aumentar el número de presos sin condena, es decir, de los cuales hay un 20, 25% que van a ser absueltos, es decir, presos por nada, o para nada; lleva a reproducción de conducta criminal, porque todos sabemos que la cárcel tiene un efecto reproductor, en tanto la usemos limitadamente, bueno, qué le vamos a hacer, hay que usarla; en tanto se la use gratuitamente, lo que estamos haciendo es producir criminales, producir personas más deterioradas, con graves riesgos de desviaciones secundarias de conducta, más graves que la desviación primaria que motivó la primera intervención; estamos produciendo personas que salen estigmatizadas, con mucho menor espacio social; estamos produciendo personas con un cambio subjetivo que los lleva a introyectar el estereotipo negativo con el que cargan; es decir, estamos obteniendo un efecto de carácter paradojal. Por otra parte, políticamente, insisto, no sólo se pide más prisión –no para los asesinos, no para los criminales, no para los violadores seriales, no, eso no es el problema, insisto, 10 años más, 10 años menos para alguien que hizo una barbaridad no es mucho, no hace la diferencia – no, no es eso, es el grupo, es el conjunto, el chivo expiatorio, que es todo el grupo. Tiremos la red sobre el grupo y vengan, ése es el problema. Por un lado tenemos eso, por otro lado tenemos la mayor autonomización de las agencias ejecutivas, y los mayores ámbitos de recaudación de las agencias ejecutivas. Por otro lado tenemos, que no podemos ignorar, toda la criminalidad de mercado, que es un potencial altísimamente destructivo de la capacidad de las propias agencias ejecutivas. Es decir, en la medida en que la criminalidad de mercado – por criminalidad de mercado me refiero a todos los tráficos ilícitos, de personas, de objetos falsos, medicamentos – todo eso genera hoy un riesgo de desestructuración de las fuerzas policiales mucho mayor, genera descontrol de mandos medios; en los países que están más azotados que nosotros, directamente las fuerzas policiales se caen de la inoperancia total; los índices de violencia se potencian. Ése es el otro riesgo que pone en peligro la base misma de nuestra convivencia democrática. Hay países que no tienen fuerzas armadas, pero países sin policía no conozco, de modo que la policía es algo que tenemos que pensar, y cuidar y mejorar. Es una institución necesaria, absolutamente necesaria. Todo ese es el efecto de esta criminología mediática como resultado del governance. En la medida en que esto camine en ese sentido, vamos a una quiebra del Estado de derecho, quiebra del Estado de derecho que se manifiesta por un grado de autoritarismo que no es el autoritarismo, el totalitarismo de entre guerras –el nazismo, el fascismo, el stalinismo eran creativos, perversamente creativos, pero tenían paradas militares, colores, edificios, neoclásicos, tipos que inventaban teorías absurdas, pero bueno, las inventaban. Este otro autoritarismo no, es un autoritarismo cool, es un autoritarismo gris, un autoritarismo del no pensar, del dejarse llevar por el sentimiento de miedo y de venganza, subirse a la ola del miedo y de la venganza, es algo que yo diría un poco en los términos del viejo Teilhard de Chardin -yo sé que está fuera de época citar a Teilhard de Chardin - el viejo Teilhard de Chardin decía que antes del fin de este siglo, del siglo XXI íbamos a tener una huelga de la inteligencia, una huelga de la noósfera, creo que estamos en la huelga de la noósfera, me parece que estamos en la huelga de la inteligencia. Es un autoritarismo que no tiene color, que no tiene creatividad, no tiene nada, es simplemente un autoritarismo de carácter decadente, como resultado de una manipulación del miedo que nos victimiza a todos y que lamentablemente nos hace perder de vista que detrás de esto hay un juego, detrás de esto, es el juego de destruir el Estado de bienestar, de destruir el Estado que amplía la base de ciudadanía real para reemplazarlo por un Estado en que la política no tenga más espacio y en que las fuerzas económicas monopólicas manejen todo. Muchísimas gracias.

sábado, 11 de junio de 2011

"Andrés"

N. de la A.: 1) Fuck taboos; 2) Impresionables, abstenerse.

Hay que reconocer que el cuerpo humano es una maravilla. Sin darnos cuenta, por el simple hecho de estar respirando, hay millones de procesos que se están desarrollando sin necesidad de ninguna supervisión dentro nuestro. Increíble. Admirable. Y a veces terriblemente molesto.
Por el simple hecho de ser mujeres, ya todo el mundo piensa que estamos condenadas a ser complicadas. Yo no sé si en realidad es tan así. Lo que sí sé es que por lo menos deberíamos tener ese derecho, considerando toda la revolución hormonal que padecemos una vez al mes.
Empieza aproximadamente una semana antes, con una necesidad desproporcionada de ingerir toda esa comida que tratamos de evitar a toda costa durante la mayor parte del tiempo (léase chocolates, alfajores, etc.). Y unos días después, te despertás una mañana con una molestia bien localizada y distintiva; si tenés suerte y no te descubrís directamente acostada en un charco de tu propia sangre. Así arranca la peor semana del mes.
Tenés que seguir haciendo todo lo que hacés normalmente, pero con un dolor que te dobla a la mitad. Y no se engañen, IbuEvanol, Actron mujer, Buscapina, etc., no ayudan al caso. No cuando lo que lo provoca son las contracciones del útero (así es, chicas, el famoso dolor de ovarios no existe) tratando de expulsar el revestimiento del endometrio (así es, chicos, no es sólo sangre). Entonces, decía, se complica un poco ser todo sonrisas y buen humor cuando sentís que tenés agujas de tejer clavándose en la zona baja de la panza y a veces hasta en la espalda. Lo peor, peor de todo, es que algunos se hacen los graciosos y cuando te ven venir con cara de "al que haga contacto visual lo mato", se animan a preguntar "¿Qué te pasa? ¿Te vino?" como si fuera algo divertido.
Encima de todo eso, tenemos que soportar las propagandas de Days, Always y demás que quieren dar a entender que estar indispuesta es lo mejor que nos puede pasar, que es todo pajaritos cantando, corazones y arco iris, cuando la realidad es otra muy distinta.
Y se pone peor. Cada vez que vas al baño ("It's like a crime scene in my pants"). Cada vez que estornudás y sentís un río ahí abajo. Cada vez que estás sentada y te levantás de golpe, y te acordás de la Garganta del Diablo, pero teñida de rojo.
Ni hablar del presupuesto que se te va en toallitas y/o tampones que todas tenemos en todas las carteras, bolsos y mochilas, por las dudas de que al hijo de puta se le ocurra venir antes o después. Y acá quiero hacer un alto y decir públicamente que es un pelotudo el que tuvo la ocurrencia de ponerle "Andrés", porque "viene una vez al mes" (claro precursor del arte que hoy en día practica Belén Francese). "Andrés" viene del griego "andrós" que significa "hombre", o sea que nada que ver.
Eso en cuanto a lo físico. Sí, sí: hay más. No les pasa a todas, pero algunas tenemos la mala suerte de que nos afecta el sueño también. Así, más de una vez me he encontrado haciendo surcos en la cama hasta las seis de la mañana, como si me hubiera tomado tres litros de café y dos de mate cebado con Red Bull. Y también, más de una vez, me he encontrado durmiendo unas catorce horas. Un horror (sobre todo cuando hay que estudiar).
Y lo más divertido, es que, emocionalmente, sos completa y totalmente impredecible. Un momento estás de lo más bien, y al otro estás llorando desconsoladamente por la pobre mina de la propaganda que no puede ir al baño y tiene que tomar Activia. Además, vamos a ser sinceras, querés matar, coger y/o comer todo lo que se te cruza. Nada de "hacernos artistas dejando un cuadro impresionista debajo del edredón" (que por alguna razón suena peor que todas las cosas que vengo diciendo).
Por suerte, es solamente una semana al mes. Es cierto, nos toca esto, depilarnos, usar tacos, maquillarnos, pero en mi opinión, es sólo otra prueba de que Dios es hombre.

Comenten.

Dejo una buena página para visitar y reírse un poco.
Espero que todos hayan captado el tono del post y no vengan con comentarios del tipo "Ser mujer es lo mejor del mundo" porque serán arbitrariamente borrados. Hasta la próxima.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Colectivos y pasajeros...

Empiezo por declarar lo obvio: la calidad del transporte en general es malísima. Habiendo apuntado lo evidente, arranco con el post.
Salvo las poquísimas veces en que nos toca un colectivo como la gente, o tenemos la suerte de viajar con personas normales al lado, la pasamos muy mal cada vez que tenemos que hacer un viaje en algún tipo de transporte, público o privado. Lo mejor de todo, es que uno puede renegar por las malas condiciones en que se encuentran los vehículos (asientos que no se reclinan, aire acondicionado o calefacción que no anda, y muchas otras cosas), pero en definitiva, no depende de nosotros, ni siquiera de los choferes, el mejorarlo. Lo que sí depende de cada una de las personas que se emabarcan en la peligrosa aventura de viajar por las calles/rutas/vías argentinas, es hacer lo posible para que esas horas de convivencia forzada sean lo menos conflictivas posibles, y la realidad es que no muchos cooperan. Después de cuatro años de ir y venir en colectivo y ocasionalmente en puerta a puerta, doy fe de que se adquiere una capacidad especial para reconocer el tipo de gente con el que toca viajar. A continuación, paso a hacer una pequeña (iba a ser pequeña, lo juro) enumeración de los mismos:
1) Las cotorras: en general son chicas de unos 17, 18 años, en su primer año de facultad. Se ve de lejos cómo chorrean el entusiasmo que varios ya dejamos atrás hace tiempo. Pasan todo el viaje hablando de temas varios, entre los que seguro figuran salidas, chicos (este tópico en particular suele estar acompañado por grititos de emoción cada tres o cuatro palabras), profesores, parciales, risitas estúpidas e increíblemente agudas y fuertes, más salidas, más chicos (ergo, más grititos) y a veces también música o películas de actualidad. Y si se agotan los temas de conversación antes de arribar a destino, suelen ponerse a cantar, o bien retoman la discusión de alguno de los temas tratados previamente. Hay una sola cosa, sin embargo, que está fuera de discusión para las cotorras: callarse. Todo lo demás es digno de ser comentado.
2) El estudioso: abre los libros antes de que el colectivo salga de la terminal y los cierra solamente cuando llega el momento de bajarse. Durante el viaje va sacando carpetas, cuadernos, biromes, resaltadores, que van formando pilas a su alrededor. Si hay mucho quilombo, puede llegar a lanzar alguna que otra miradita asesina a aquel que ose perturbar su estudio.
3) El jodido: sube protestando por alguna cosa irrelevante. Pelea al que está sentado en el asiento número nueve, amenazándolo con bajarlo de los pelos del colectivo a menos que se lo dé porque "es el que figura en su pasaje", hasta que entre dos logran tenerlo, mientras un tercero trata de explicarle que su asiento es el número seis, haciéndole notar que está mirando el pasaje al revés. Cuando por fin lo convencen, va a sentarse donde le corresponde con cara de traste, pero se da cuenta que su lugar está del lado del pasillo y a él le gusta viajar del lado de la ventanilla, por lo que, escándalo de por medio, consigue que el pobre infeliz condenado a viajar con él le ceda su lugar.
4) El obsesivo compulsivo: cada vez que hay una curva aplaude tres veces; cada vez que ve un cartel, levanta o baja -según toque- el apoyabrazos; en cada escala que hace el colectivo se sube y baja las mangas de la remera y cosas por el estilo. Todo esto, obviamente, con el mayor disimulo posible.
5) El viejo asqueroso: ya de por sí es feo que te toque viajar con uno de estos, pero lo peor es que hay dos variantes, a saber:
a) El viejo verde: es el que se les sienta al lado a las señoritas, pero en vez de mirar para adelante, va mirando para el costado, sin disimulo alguno. No traten de mirarlo a los ojos para darle a entender que les está faltando el respeto (créanme, lo intenté, sólo hace que siga mirando -y a veces empieza a hacer caras-) y aprovechen cuando se desocupe un asiento para mudarse.
b) El escatológico: les juro que me pasó. Antes de salir de la terminal, empecé a sentir un olor inconfundible, que venía también de una dirección inconfundible. Lo dejé pasar porque bueno, una persona mayor puede tener problemas, em, para retener gases; pero después de que el episodio se repitiera unas catorce veces antes de llegar a Casilda, me levanté y me fui a sentar a otro lado. En serio, ¡qué viejo hijo de puta!
6) La sociable: es la que se te sienta al lado y empieza a contarte su vida, sin que le preguntes nada. Te muestra las fotos de los hijos, los nietos, los perros, los gatos y demás gente/animales vinculados con ella. Cuando atinás a ponerte los auriculares (en claro gesto de quiero dejar de escucharte), te pregunta qué escuchás y si no le prestás uno de los auriculares porque ella se olvidó el suyo. Cuando está en alguna reunión social, suele ser de los pesados.
7) El del ringtone a la moda: nótese que a mi criterio, la moda musical es básicamente, una porquería. Dicho esto, pocas cosas son peores que ir durmiendo plácidamente y te despierten con "Pa-Panamericano". En serio, dan ganas de matar a alguien. Especialmente al desgraciado que lo tiene al palo y lo deja sonar para que todos los pasajeros se deleiten con esa cosa.
8) El/La gritón/gritona: ya que hablamos de celulares, no puedo dejar de nombrar a este personaje, que es una fija. Digamos que, de entrada, celulares y personas mayores (en general, no es un axioma matemático), no deberían juntarse. Es sumamente irritante cuando te toca estar dentro del radio de cinco asientos de alguno de éstos y cuando llaman y/o los llaman empiezan a gritar como si se estuvieran comunicando por medio de dos vasos y un hilo. Alguien debería avisarles que el teléfono celular es, ante todo, eso: un teléfono.
9) El que se siente como en casa: este es sin dudas, el que mejor la pasa. Mientras todos los demás están reprimiendo las ganas de matarse unos a otros, el tipo está despatarrado en su asiento, inmune a todo lo que pasa a su alrededor, durmiendo tranquilamente. Ronca, se babea y frecuentemente se le tira encima al que tiene al lado, que termina haciendo las veces de almohada. Un capo.
10) Los pornográficos: son esas parejas que dan asco ver juntas. No porque una sea jodida y medio Grinch cuando de amor se trata, sino porque realmente: ¿cuál es la necesidad de estar tirados uno encima del otro durante todo el viaje? Son súper hábiles para hacer que los asientos de colectivo parezcan una cama, se la pasan chapando mal y terminan haciendo que medio colectivo tenga miedo de ligar un lengüetazo cuando les pase cerca.
11) El que no se baña: es uno de los peores. Pleno verano, 45º de calor, todo cerrado, aire acondicionado (si tenés suerte y funciona) y ese olor asqueroso que sale de la anatomía de este espécimen. Un horror.
12) El bebé que llora: todos los bebés son lindos. Hasta que empiezan a llorar. Y cuando lloran en el colectivo y no paran, por mucho que hagan los padres (generalmente primerizos; muchas veces madre sola y adolescente), hacen que uno se quiera tirar por la ventanilla. Lo que siempre me asombró es lo fuerte que son capaces de gritar... cualquiera diría que con pulmones más chicos los decibeles deberían ser menores, pero se ve que la proporción es inversa...
13) La familia Ingalls: son once. Y tienen asientos a lo largo de todo el colectivo. En el medio del viaje, siempre, siempre, necesitan algo del pariente. Y en vez de desplazarse silenciosamente hasta donde está éste, pegan el grito. Y el otro contesta gritando también. Cuando a la tercera vez que lo hacen, alguien les pide que por favor hagan silencio, empiezan a mandar a los chicos. Y los chicos descubren que es re divertido jugar a no caerse mientras van y vienen por el pasillo. Hasta que alguno se cae o se da contra un asiento y el juego se termina, con llantos, retos y a veces sangre también.
14) El ratón: es aquel que (según él) por principio y no por otra cosa no pone el bolso abajo y pretende meterlo arriba de los asientos. Cuando es chiquito, todo sale bárbaro, pero cuando es un terrible bolso más grande que él y no entra, y encima de todo lo pone donde van los pies -tuyos, por si quedaba alguna duda- la cara de orto es automática. No hay nada que se pueda hacer al respecto. Y todo esto por no darle un peso al maletero.
15) El que siempre llega tarde: a todos nos puede pasar. Una vez. Dos, como mucho. Pero siempre hay alguien que llega siempre tarde al colectivo, siempre que vos estás arriba esperando para irte. Y si ya es bastante irritante la perspectiva de un viaje de tres horas junto a todos los personajes que termino de describir, entonces lo menos que querés es extender ese tiempo.

Y acá termino. Nótese que a la derecha (un poco más arriba) se encuentra el LikeBox de Facebook; siéntanse libres de darle "me gusta" (si les gusta). Lo mismo para cada una de las entradas. Como siempre, gracias por leer, y quedan invitados a hacer los comentarios que gusten. Hasta la próxima y si no es antes, ¡felices fiestas!

Edit: Yo sabía que de algo me olvidaba: como graciosamente señaló Rami en los comentarios, él me tiró los últimos dos (más otros que ya estaban), así que ¡gracias Bech!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El oral

Era uno de los primeros. Lo había hecho antes, sí, pero siempre había estado muy nerviosa y mis recuerdos no eran muy agradables. La noche anterior no dormí ni mucho ni bien. Estuve hasta tarde pensando en todo lo que podía llegar a ir mal. Cuando por fin cerré los ojos, soñé con situaciones muy bizarras que ahora no vienen a cuento.
Me levanté tempranísimo, para ver si podía aprender algo más. Estando a horas del momento, me volvió a agarrar el miedo. ¿Y si me paralizo? ¿Y si hago algo mal?
Empecé a recordar todos los consejos que suelen darse para este tipo de situaciones: practicar antes de hacerlo, relajarse, respirar hondo. Así que me puse frente al espejo y lo hice.
Respiré hondo unas diez veces, traté de relajarme y me puse a practicar las caras y gestos que iba a hacer. No quería parecer una idiota, pero tampoco una experta. Esas cosas cuentan, y no iba a dar una mala impresión. Todo el mundo sabe que a ellos les importa, sobre todo los gestos. Así que practiqué. Me sentía un poco tonta, pero igual lo hice.
Pasó el tiempo; no, voló. Me fui. Estaba un poco más tranquila, pero seguía con dudas acerca de la calidad de mi futura performance. Encima tuve que esperar como dos horas. Dos horas maquinándome, tratando de recordar todos los tips que había leído en internet.
Y por fin llegó el momento. Empecé a temblar. Todas las dudas volvieron a aflorar, ahora multiplicadas. Fui hacia él, sonriendo, tratando de parecer confiada. Me invitó a sentarme, me preguntó mi nombre, aunque ya lo había dicho mil veces en todo el año. Me dio la opción de empezar como yo quisiera, así que tomé valor y arranqué.
Me transpiraban las manos, el corazón me iba a mil, pero sabía que al final iba a valer la pena. De todas maneras, me trabé mucho, siempre tratando de volver atrás y hacerlo mejor para dejarlo conforme. Sabía lo importante que era el buen desempeño, pero claramente estaba perdiendo pista. Hasta que me paró, y mirándome me dijo "se nota que estás muy nerviosa, ¡tranquila!".
Yo lo miré con una expresión entre pidiendo disculpas y vergüenza en la cara, pero él, comprensivo, me fue guiando, ayudándome, tratando de sacarme el miedo de una vez por todas.
Preocupada y avergonzada, me di cuenta de que él había notado mi inexperiencia, pero aun así me dejaba hacer. Apuré el ritmo, mientras entre mí pensaba "esta es la recta final, ¡yo puedo!".
Al fin, todo terminó. Exhalé, aliviada. Las manos dejaron de temblarme. Se me fue el nudo de la garganta. Él sonrió por última vez y dijo "muy bien, ya terminamos".
Le agradecí efusivamente y salí, aunque con un una sensación agridulce, porque una vez más me había decepcionado a mí misma.
Dejando de lado el resultado (mediocre, de por sí), me di cuenta de que tengo que mejorar muchas cosas. Porque quiero poder decir algún día que lo hago tan bien, que ellos nunca se olvidan de la experiencia.
En fin. Me puso un siete. Esperemos que el próximo examen oral me agarre más relajada... y las cosas salgan a pedir de boca.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La mediocridad en el lenguaje

Hoy una amiga me dio malas noticias. La Real Academia Española está por hacer cambios en la ortografía. Bah, ya los hizo, obviamente, ahora sólo falta que salga la nueva edición de la "Ortografía de la Lengua Española".
Habiendo leído hasta ahí, algunos dirán "Bueno, Cuicchi, no es para tanto, dejate de joder". A esos les respondo: sí es para tanto, y no voy a dejar de patalear y protestar contra estos cambios que aparentan ser progreso, pero en realidad son formas de nivelar para abajo, hasta no haber dejado en claro mi posición.
La otra vez leía que como la mayoría de la gente no escribe en cursiva de adulta, y a los chicos les cuesta más, estaban evaluando dejar de enseñársela. Ahora, como la mayoría no sabe diferenciar el significado de "solo" y "sólo" (como cierta profesora de lengua que tuve en la secundaria), o cuándo la "o" va con tilde, listo, lo sacamos y todos contentos. No importa si genera ambigüedades (a fin de cuentas, no muchos saben lo que significa), no importa si a los que sabemos escribir como se debe se nos ponen los pelos de punta, total, la mayoría va a estar contenta, porque son menos tildes para poner, menos atención para prestar, menos molestias que hay que tomarse.
Y si hoy eliminamos algunos tildes, ¿quién sabe? mañana podemos borrarlos completamente del mapa. Y asi estariamos todos contentos, porque nos ahorrariamos como un nanosegundo por palabra, evitando el terriblemente molesto "palito" que no sirve para nada.
Y ya que estamos, si no hay mas tildes, podemos aprovechar tambien y sacar los signos de puntuacion, total, ¿quien los usa? Si cuando hablamos se entiende sin necesidad de puntos comas signos de exclamacion y de pregunta es lo mismo escribir sin ellos cuando evidentemente no le aportan absolutamente nada al lenguaje
Y si no tenemos tildes ni signos para que queremos mayusculas si somos todos re vivos y nos entendemos igual asi que mejor las eliminamos tambien no sea que nuestros hijos tengan que usar un poco el cerebro en la clase de lengua
y llegados a este punto honestamente a quien le sirve diferenciar entre v y b o c z y s o g y j mejor escribamos como se nos cante la regalada gana y al que no le guste que no lea
asi ke cada huno hase la sulla total a nadieh le hinporta infectamos de relatibismo y mediokridad asta nueztro propio lenjuage si todos nos entendemoz y savemos ke keremos desir

Y si llegaron hasta acá sin tener una embolia o algo por el estilo, espero haber dejado claro lo importante (y casi trascendental, diría) que es escribir bien.
Siempre fui una histérica de los errores de ortografía, pero no por hacerme la fifí ni por no poder reprimir mi nerdism, sino porque simplemente no queda bien.
Hoy los diccionarios de papel fueron relegados por los de la web -y en el peor de los casos, por Wikipedia. Ok, si es taaaanto trabajo dar vuelta un par de páginas, que los usen. ¡Pero que los usen!
No estoy diciendo que los que no saben escribir sean culpables de ello. Hay, como me enteré hace poco, condiciones biológicas (espero que sea el término adecuado, sino corríjanme) que impiden el aprendizaje, y bueno, las obvias condiciones sociales que también son un gran obstáculo. Pero lo que hemos perdido es el sentido de la responsabilidad, de hacernos cargo de escribir como se debe. El relativismo globalizado que borra la línea entre lo que está bien y lo que está mal se extiende como un cáncer insidioso y llega a ámbitos inéditos, como pasa hoy con el lenguaje. Y si no tomamos una postura firme y comprometida ante todos estos avances, nos vamos a encontrar algún día sumidos en una especie de ignorancia colectiva, donde nadie sabe nada ni le molesta no saberlo.
Y perdón si suena a sermón o discurso persuasivo, pero es la forma -capaz que exagerada- que yo tengo de vivirlo.
Volviendo al tema central, -y ya terminando, porque sé que este tipo de post no les gusta- no dejemos que el lenguaje se convierta en una especie de elige tu propia aventura, porque la aventura del lenguaje es única, y vale la pena animarse a vivirla.

Acá, las notas: Clarín La Nación El País

domingo, 31 de octubre de 2010

Mi corpiño nuevo

En este post voy a contar algo que me pasó realmente. Resulta que en cada cambio de estación suelo necesitar una actualización de ropa en general. Por "en general" me refiero no sólo a remeras, pantalones, etc., sino también, por supuesto, a ropa interior.
Si hay algo que me molesta muchísimo, y esta es solamente una de mis particularidades, es salir a comprar ropa. Porque si tuviera los bolsillos profundos y llenos, me internaría en un shopping y compraría todo ahí adentro, sin reparar en precios ni ofertas y todo a una temperatura ideal de 20º. Pero como no los tengo, bueno, toca salir a caminar por la peatonal, con frío o calor, metiéndome en cada bolichito que hay, buscando algo que me guste (dificultad número 1), que me entre (dificultad número 2), y que pueda pagar (dificultad número 3). Si se cumplen los tres requisitos por lo menos dos veces en una tarde, soy terriblemente feliz. Si no se cumplen, soy... bueno, yo.
La última vez, después de andar y andar estábamos ya todos repodridos (yo -la de la ropa-, mi mamá -la de la tarjeta-, mi hermana -también de la ropa-, y mi papá -el hombre atrapado en el infierno masculino por excelencia: de shopping con tres mujeres-), eran las ocho de la noche y quedaba la última parada: the underwear.
Arrastrando los pies, de mal humor y cansadísimos, entramos a una tienda de ropa interior. Como dije, no es algo que me fascine, así que no soy de las que anda mirando precios por la vida, ni siquiera suelo pararme a mirar vidrieras, por lo que realmente me shockearon los precios sobre todo de los corpiños.
Sean con arco, sin arco, armados, con push-up, lisos, estampados, con broche adelante, con broche atrás, ninguno baja de los 70, 80 pesos. Y sí, mis corpiños ya daban lástima, así que tenía que comprarme algunos. Estaba yo lamentándome anticipadamente de la plata que íbamos a gastar por un pedazo de tela (o pedacito, en mi caso), cuando veo que me habían dejado afuera. Así que me metí en el local y esperé a que nos atendieran.
Primero que nada, y para que entiendan el desenlace de la historia, tengo que aclarar que cuando estoy en esa situación (cansada, frustrada y, en el caso de ese día, apurada para llegar a ver la season premiere de Chuck), no presto mucha atención a lo que compro. Cuando vino la mujer a preguntarme qué necesitaba y le dije, me mostró un par de "mi talle" y me dijo que me probara por las dudas. Yo ya los veía que tenían una taza enorme. Pero enorme. De esas que había visto solamente colgando en la ducha de una amiga. Como no había de otro tipo (y a las ocho y media de la noche no iba a ir a otro lugar por un corpiño), me metí con uno de cada color al probador.
Eran grandes, duros, pero me quedaban bien, cómodos. NO ME PUSE LA REMERA PARA VER CÓMO QUEDABAN, porque la hora pasaba y quería llegar a tiempo a casa. Compré uno blanco y uno negro, y después los archivé.
Este finde me vine a Venado, después de cinco sin volver, y como acá no tengo nada, me traje uno de los corpiños nuevos, que no había estrenado.
Sábado a la noche: nos invitan a comer a la casa unos amigos. Me baño, y cuando me voy a vestir, veo el corpiño nuevo (cabe aclarar que los otros están para lavar, y que no me traje abrigo, porque estuvo haciendo calor toda la semana, pero ahora hay un viento que te volás -of course), así que voy y me lo pongo. Me termino de vestir, voy y me miro en el espejo. Y cuando miro mejor, veo que hay algo raro. Hay un par de cosas que sobran.
De repente y como por arte de magia, mis tristes 95 se convirtieron en exagerados 110. De golpe los botones de la remera, siempre perfectos, se empiezan a estirar. De improvisto, miro para abajo y hay algo que me impide verme los pies. Y en ese momento, medio preocupada, medio escéptica, toco. Y no siento nada. Es como rascarse la cabeza a través de un casco.
Y ahí empiezo a rememorar los acontecimientos del 20 de septiembre. Estoy en el probador y cuando miro el corpiño, veo que es grueso, grosísimo. Lo toco y parece una manopla para el horno. Lo vuelvo a mirar y tiene (les juro por mi vida) en la parte de abajo de la taza, una especie de borde sobresalido, que me hace acordar a una hombrera.
Y vuelvo a hoy: sigo como una pelotuda, parada enfrente del espejo, mirando esas dos montañas que no son mías, preguntándome cómo no me di cuenta que no estaba comprando un corpiño común, que estaba comprando en realidad una especie de protector genital (como el que usan los rugbiers) pero en versión femenina. Y, siendo como soy, empiezo a pensar en boludeces, sólo para justificar la tonelada de guita que gasté en esta mentira.
Y bueno, si alguien me quiere afanar, le doy un corpiñazo y listo. Cuando nos bajamos del auto, mi hermana para hacerme una joda, me pregunta ¿bajaste el postre? (lo llevaba ella) y yo le contesto sí, lo metí en el corpiño.
Pero la verdad es que me siento ridícula. Falsa. Así debe sentirse un estafador todos los días, pienso. Lo peor es que ahora tengo que usarlo. Y al otro como este también.
Así que, si me permiten una recomendación, presten atención cuando compran ropa interior. Sino pueden terminar con un híbrido entre corpiño y chaleco antibalas en su poder y encima la obligación de usarlo.
Por otro lado, puede que algún día este corpiño me salve la vida. No sé. Esa es mi historia. Entre lo ridículo y lo estúpido, pero en fin, así son también muchas de las otras cosas que me pasan.


Por favor, para hacerme sentir mejor, los invito a participar: ¿alguna vez les pasó algo similar? Hoy más que nunca, sus comentarios serán agradecidos...